Cambio demográfico, ¿factor en contra para la victoria demócrata?

Uno de los elementos que, fuera de la teoría más ortodoxa, permiten saber cuando hay un estado en un sitio es conocer si dicho estado tiene “poder” (entiéndase como administración, funcionarios, dinero o lo que sea) para saber cuántas personas viven en su territorio, esto es, bajo su jurisdicción. Un censo de población, vamos, algo básico en nuestro entorno político pero muy difícil de conseguir en según qué sitios (véase Afganistán o multitud de países africanos), por variados que sean los métodos.

Además del cobro de tributos (fundamental para la existencia del estado como ente físico), lo fundamental del censo es, en las democracias, dictaminar quién vota y cómo ese voto se transforma en representación que, a su vez, genere un gobierno, tal y cual…

Pues bien, uno de los métodos es hacer un censo cada cierto tiempo, como en Estados Unidos. Con dicho documento, que tiene aún allí ciertos problemas de confección, se pondera la representavidad en el Congreso (House+Senate) y, con ello, se modulan los 538 votos que tienen que, en consonancia con la decisión soberana expresada en las urnas, elegir al Presidente de los Estados Unidos. Sin ánimo de entrar a valorar esta institución (que hizo que Gore no fuese Presidente en 2000/2001 a pesar de ganar en voto popular), algo se puede observar de su última actualización.

Básicamente, y siguiendo la trayectoria electoral por estados en, por ejemplo, las 3 últimas elecciones presidenciales, estados típicamente republicanos ganan representación en detrimento de estados clave en el mantenimiento de la base electoral demócrata. Si bien es cierto que puede ser poco, un vistazo a los resultados de las últimas 3 elecciones presidenciales nos arrojan los siguientes datos:

Cada columna representa el candidato ganador y el porcentaje de votos que sacó a su contrincante en dicho estado. Los nombres de los candidatos presidenciales en negrita indican un procentaje de ventaja superior al 10% (sólo en los comicios de 2004 y 2008). El rojo significa republicano y el azul demócrata. En la quinta columna, los nuevos votos electorales por Estado, con su modificación con respecto a lo previo.

Como podemos ver, Arizona, Georgia, South Carolina, Texas, Utah, tradicionalmente republicanos (la última vez que un demócrata ganó en Texas fue Carter en… 1976), ganan representación, y son estados donde el Grand Old Party tiene una gran preponderancia y los demócratas son poco competitivos. En estados muy relevantes, como Florida (que ha ganado gran peso en los últimos 30 años), North Carolina u Ohio, los tres ganados por Obama en 2008 pero verdaderos close states, los republicanos siguen siendo competitivos. Dicha característica competitiva se da cuando la diferencia electoral entre ambos partidos, en un sentido u otro, no supera el 10%. En cambio, la seguridad demócrata que suponen Illinois, New Jersey, New York, Pennsilvanya o Michigan (este último menos), se ve debilitada en el mapa electoral. Y lo peor de todo, es que los estados en los cuales los demócratas son competitivos son muchos menos que los que presentan la misma situación pero a favor de los republicanos.

Pero lo que, en principio, supone una amenaza a la estructura de poder electoral demócrata puede acabar siendo una ventajas: los estados que crecen son sureños, sí, pero que crecen, generalmente, por la llegada y la regularización de inmigración hispana, que es favorablemente partidaria de los demócratas, aunque votan bastante menos, por lo que el “excedente” de representación que produce beneficia, si no votan, a la mayoría conservadora tradicional, pero nada debería impedir que, con buenas campañas y atención, la diversidad de la sociedad de dichos estados en crecimiento haga mejorar las expectativas demócratas, si bien ésto solo es viable a largo plazo.

Pero bueno, parece que Illinois y ambas costas seguirán proporcionando un buen sostén a la causa demócrata, al menos en las elecciones presidenciales, puesto que las últimas mid-term elections han puesto de manifiesto que la diversidad y los movimientos son inherentes al sistema democrático, y nunca nada está ganado del todo. Aunque al final, todo dependerá del candidato que el GOP proponga, y sus números, salvando a Romney, no parecen, a priori, muy competitivos en general.

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