¿Hacia una verdadera Unión Económica?

En un nuevo alarde de mediocre originalidad, hoy los líderes de Europa, Ángela Merkel y Nicolas Sarkozy no han tratado de explicar que la situación está muy mal para todos (y todas, claro), y hay que construir el nuevo gobierno económico europeo. Un juego de palabras rimbombante, algo menos ambiciosa que aquel término que manejan grupos más europeístas y progresistas (gobernanza económica), pero que es conditio sine qua non para salir de esta crisis económica y política en la que nos hallamos inmersos en la UE. Y es que, como tantos informes, tantas opiniones y tanta literatura científica lleva diciendo años, la idea de una Unión Económica (mucho más que un Mercado único) es insostenible sin una política económica común. Y claro, toda política necesita de un gobierno.

Pues bien, a pesar de los gradilocuentes titulares de la prensa de toda Europa y más allá, las ideas que nos proponen Merkel y Sarkozy, ambos políticos más preocupados por sus dificultades electorales internas (y los terribles datos de crecimiento económico de sus países, otrora locomotoras de la UE) son más bien flojitas y poco ambiciosas, salvando la idea de un impuesto (que no una tasa, lo de Tasa Tobin es un calco semántico del inglés) sobre transacciones financieras internacionales. Nos hablan de crear un verdadero Gobierno Económico a través de la creación de un grupo de trabajo que se reúna una vez al semestre (oh, por favor…) y, en un alarde de ambición e inteligencia política, presidido por Hermann Von Rompuy (casi nada), además de la constitucionalización de la prohibición del desequilibrio presupuestario (cuestión que introduce una rigidez excesiva en el sistema, además de ser más ideológica que otra cosa). En resumidas cuentas: más de lo mismo, un nuevo comité intergubernamental y un chairman en lugar de un president. Y de eurobonos ni hablar, claro.

 Pero no todo es tan pobre. Para mí el quid de la cuestión está en lo que han comentado en el ámbito bilateral. Parece que Francia y Alemania van a ir aproximando su legislación fiscal (un embrión de una Unión Fiscal), además de tomar otra serie de medidas de política económica común que se irán desarrollando según avancen las reuniones entre ambos. The same old story: el eje franco-alemán, que creó institucionalmente la integración europea allá por los años cincuenta del pasado s. XX, toma la iniciativa en un proceso que no sabemos dónde acabará. Y es ahí donde puede comenzar el juego.

 En el actual sistema institucional de la UE, toda reforma sustancial (y a veces no tan sustancial) de la Unión ha de pasar por el Consejo Europeo, reunión de los Jefes de Estado y Gobierno de los 27, donde tenemos la maravillosa regla de la unanimidad, por lo que será el sitio estupendo para que las ideas de países potentes como Italia, Reino Unido o España (aunque dudo que el Gobierno haga nada) pueden jugar a hacer más ambicioso este proyecto de reforma de la gobernanza económica global. ¿Cómo? Básicamente, sumándose a las propuestas francoalemanas de Unión Fiscal pero, a su vez, exigiendo contrapartidas de desarrollo económico y cohesión económica interterritorial. De lo contrario, como pasa con la política monetaria en la actualidad, no tendrá ningún sentido construir un edificio por el tejado, sin ponerle cimientos. Porque los problemas de una Unión Fiscal sin desarrollo económico similar, igual que los de la Unión Monetaria que ya tenemos algunos países, es que cuando todo va bien, avanzamos, pero cuando viene una crisis, las diferentes respuestas y los diferentes resultados macroeconómicos dificultan la idea de una Unión Económica, puesto que los problemas son diferentes y, con ellos, las medidas a tomar. Por ello, o se actúa desde la base (cohesión económica y social) o no se consigue más que ahogar el desarrollo económico con recortes, recortes y austeridad made in Bavaria que, a algunos, no le hacen ningún bien.

 Porque, a grandes rasgos, ¿qué necesitamos para tener un verdadero Gobierno Econónico en la UE? Sólo hace falta mirar nuestra estructura político-jurídica interna:

 1-Una legislación (Tratados y normas de derecho derivado que lo desarrollen) de taxativo cumplimiento, sometidas a la vigilancia del Tribunal de Justicia, y no acuerdos de reuniones cada 6 meses.

2-Que dichas legislaciones pasen por el procedimiento legislativo actualmente ordinario, esto es, en el juego Comisión-Consejo-Parlamento, para darle sentido y carácter “democrático”. Y con ello, control por parte de las Instituciones. Real.

3-Que dichas legislaciones contemplen medidas realistas de aproximación fiscal (nada de fantasmadas como el antiguo IVA portugués en ciertos productos o el Impuesto de Sociedades de Irlanda) tendentes a la unión.

4-Que de esos impuestos se derive una buena parte de la recaudación a la financiación del presupuesto de la Unión, para que así haya capacidad de incidencia real sobre la situación económica de la UE (no como ahora, que apenas representa un 1% o así sobre el PIB de la Unión).

5-Medidas de cohesión, cohesión y más cohesión para equilibrar a través de desarrollo, medidas de mercado laboral y contratación, etc…

 Pero claro, eso requiere ambición. No Pactos de Estabilidad que los grandes puedan saltarse cuando quieran. Y, por supuesto, líderes ambiciosos y capaces, empezando por la Comisión y acabando por… por todos y todas.

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