Lo de Zara y la Unión “Económica” y Monetaria

Hace unos días, cuando yo estaba todavía de exámenes y preparando mi viaje a Perú, todo el mundo se llevaba las manos a la cabeza en España al descubrir que Zara, nuestra empresa, esa que aún siendo privada hace que todo españolito que sale fuera de su país y pasee por Roma, Belgrado o más lejos aún sonría y diga que es española (como si las transnacionales entendiesen de fronteras), facturaba sus ventas por internet en Irlanda, ahorrándose así jugosos impuestos.

Todo el mundo airado sin tener en cuenta diferentes cosas:

1- Las empresas transnacionales (no me gusta el término multinacional, ya que ni Apple ni IBM ni PWC ni ninguna de ella se hacen multi-nada por el mero hecho de vender bienes y servicios a lo largo del mundo a través de filiales) no entienden de fronteras ni de patrias. Su nacionalismo, salvando quizá algunas grandes de Japón, es meramente instrumental. Es decir, sólo se da (si es que se da) si sirve a los fines de la empresa, que, no olvidemos, son maximizar los beneficios y eliminar la competencia de su sector. Por ello, la españolidad de Zara, tan pretendida por Amancio Ortega, su sucesor y su Consejo de Administración, no es excusa para radicar sus bienes o sus beneficios en el lugar que más les plazca, si así consiguen sus objetivos empresariales. Luego sólo se tratará de ver si, haciendo cualquier obra de caridad, Responsabilidad Social Corporativa mediante, puede invadirse un mercado con algo de smart power para así incrementar sus ventas invirtiendo en ello.

2-Hemos visto por qué Zara, que no es más que la personificación de una conducta empresarial, quiere radicar en distintos lugares sus beneficios, bienes, etc… Pero la cuestión que a nosotros, como interesados por lo público, debería interesarnos es, fundamentalmente, por qué la empresa transnacional X puede hacerlo. Y en este caso, es clarísimo: por ineficiencias de la propia Unión “económica” y Monetaria de la Unión Europea. La cuestión, por relevante y compleja que parezca, es bastante simple. Los padres de la UE crearon un mercado interior, que luego pasó a ser un mercado único, para que los bienes y servicios (especialmente pero no solamente) pudieran transitar sin exacciones fiscales, derechos de aduana, etc… además, los brillantes padres de la eurozona pensaron que el mercado único funcionaría mejor si, además de todo lo explicado anteriormente, se creasen dos elementos más: políticas de cohesión interregional (básicamente, para redistribuir renta de las regiones más ricas a las más pobres, a fin de que los niveles de renta converjan y podamos todos consumir más y hacer real ese Mercado Único) y una divisa común, que tras el fallido experimento del SME acabó siendo lo que hoy llevamos muchos en nuestro bolsillo, el euro (para poder así eliminar la barrera psicológica que es el cambio de moneda y las cuestiones de tipo de cambio y comisiones anexas a un sistema con varias divisas). Todo es criticable desde diferentes ópticas, pero, a priori, suena bien. La cuestión es que lo que no se ha hecho, y vamos a peor, es tratar de aproximar lo más posibles los sistemas fiscales de los diferentes países para tratar de evitar que algunos países miembros se aprovechen de lo bueno que da el Mercado Único y no paguen la misma factura. Sí, me diréis que tenemos el IVA (que se armoniza a escala europea) y que nuestras legislaciones fiscales, nuestros tipos de gravamen y demás elementos tributarios se parecen. Pues no: Irlanda, sede de multitud de empresas “made-in-globalisation“, es centro de tributación de sus beneficios, esto es, del Impuesto de Sociedades. Y todo ello porque su tipo de gravamen es asombrosamente más bajo que el resto: aproximadamente, menos de la mitad del de España (aquí es un 30%).

3-Cuando Irlanda, máximo exponente del paraíso fiscal consentido por el resto de Estados miembros (al jugar a la competencia fiscal a la baja)  y otro de los países que crecieron extraordinariamente gracias a una burbuja inmobiliaria que, oh, también acabó por explotar, tuvo que ser “rescatada” (algún día hablaremos de ese término) por la Unión, batalló hasta lo incansable para mantener su tipo de gravamen de Sociedades lo más bajo posible. Y lo acabaron por conseguir. Entre otras explicaciones, el hecho de que otros dos países de la Unión Europea (Bulgaria y Chipre, este último de la eurozona también) también tengan un reducidísimo tipo y que Irlanda aceptase cualquier cosa para poder mantener esa vía de riqueza desleal.

Así que la cuestión no es si Zara hace esto o aquello. Debería ser por qué nosotros, que de verdad queremos una Europa unida en torno a unas instituciones y un derecho común, permitimos que ocurra sin hacer lo que en nuestras manos está para evitarlo.

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