La normalidad de las elecciones del 20-N en perspectiva internacional

La cosa, a unos días de las elecciones Generales de España, parece estar sentenciada y sin apenas dudas: el Partido Socialista perderá las elecciones, por lo que el PP será el vencedor. Parece que la duda será el margen y, especialmente, si el PP obtendrá la mágica cifra de 176 escaños o más, o, por el contrario, tendrá que pactar con otros partidos para asegurar la estabilidad parlamentaria. Pero las consecuencias y los resultados electorales no son la cuestión a tratar en esta entrada (aunque sí en la próxima, mi proyección de resultados está hecha), sino las características de estas elecciones en su contexto internacional más próximo.

Podemos decir que, al menos en Europa, hemos vivido una época de crisis de la socialdemocracia, de la izquierda en general. O podemos decir que ahora es el neoliberalismo que ha traído esta crisis el que está de capa caída. Bonitos análisis teóricos. Pero, a la vista de los comportamientos del votante medio europeo, poco importan esas cuestiones: casi todos los Gobiernos que estaban en el poder cuando ha estallado la crisis han caído, o parecen estar a punto de caer.

Lo vimos en Países Bajos (cayó un gobierno de coalición entre conservadores y laboristas que lanzó a la victoria a un liberal, o algo así) en 2010. Lo vimos en Portugal después de que los Socialistas de Sócrates no pudieran sacar adelante los intentos para no ser intervenidos. Lo vimos en Irlanda después de su intervención. Lo vimos en Islandia (de la que a veces nos olvidamos). Más recientemente, lo hemos visto en Dinamarca (un país que, para horror de tirios y troyanos, pasó de un 1’9 a prácticamente un 5% de desempleo en un año, y eso, aunque parece poco, es mucho), e incluso un líder socialdemócrata francófono se ha hecho con el liderazgo en Bélgica.Por supuesto, y a pesar de cierta determinación a la hora de combatir la crisis, el ínclito Gordon Brown acabó por perder las elecciones frente a los conservadores de David Cameron. Este mismo 2011 el Partido del Centro fue sustituido por el partido conservador en Finlandia.

Y parece que los sondeos pronostican algo similar en los que, desde 2009, no celebran elecciones: las elecciones autonómicas y municipales han sido un verdadero revés para el PSOE en España. Parece que Nicolas Sarkozy lo tendrá bastante difícil para mantenerse como Presidente a causa del empuje de los socialistas y de la izquierda francesa en general (como ya se vio en cierto modo en las regionales y departamentales). Las elecciones en los diferentes länder han sido un suplicio para la coalición que dirige Ángela Merkel (que, no obstante, en 2009 fue reelegida por su cierto empuje al combatir la crisis en un primer momento), especialmente por la debilidad crónica de sus socios liberales, y la situación italiana parece que está claramente en contra de Berlusconi (capítulo aparte, por otro lado), salvo que el Partido Democrático haga lo que suele hacer. Incluso los sondeos le dan a veces más popularidad al nuevo líder laborista Miliband que el Primer Ministro Cameron. Y, desde luego, no cabe duda de que Papandreu pasará a mejor vida política después de la que está cayendo en Grecia.

En definitiva, prácticamente todos los gobiernos de la eurozona han caído o han cambiado de titulares, además de otros que no pertenecen a la misma. Sólo, que yo sepa, han sobrevivido los primeros ministros de Suecia y Polonia.

Los europeos, como casi todos los ciudadanos del mundo, no son votantes cualificados, no son elementos políticamente educados/instruidos, como diría Petit. Son personas que tienen preocupaciones diarias de diferente tipo e intensidad, y que, en general, quieren poder vivir sin demasiados problemas y tienden a buscar cabezas de turco para problemas que no entienden. Y eso es lo que estamos viendo. Por eso, al margen de cosas que tenemos claras los que dedicamos tantas horas de nuestros días a pensar, leer y escribir sobre política interna e internacional, que en un país que ya roza el 21% de desempleo el partido del gobierno sufra una severa derrota no es más que un síntoma de normalidad democrática. Por poco que me guste.

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