Democracia mal entendida (y II)

Una vez más hoy podemos encontrar en la prensa iniciativas malintencionadas destinadas a confundir a la ciudadanía. La prensa y ciertos sectores, en lugar de (in)formar a la ciudadanía, nos dicen que la nueva alcaldesa de Madrid, la insufrible Ana Botella, es alcaldesa sin que hayan mediado los votos. Craso error.

Como ya decíamos en un post anterior, vivimos en un régimen político parlamentario que, con sutiles diferencias, se aplica, al menos, a los tres niveles político-administrativos más relevantes: los Gobiernos no se generan automáticamente a través del voto de los ciudadanos y ciudadanas, sino que intermedia un cuerpo de electos. Ello se da tanto en la elección del Gobierno Central, de los Gobiernos Autonómicos y de los Alcaldes y gobiernos municipales. Sólo las Diputaciones (esos zombies) y otras entidades locales tienen funcionamientos diferentes (con legitimación democrática de segundo orden, o indirecta). Básicamente: los ciudadanos y ciudadanas votan listas de representantes. Se cuentan los votos, y se proclaman los electos y electas tras aplicar la fórmula electoral (que permite convertir votos en escaños). Luego, por componendas internas de los partidos políticos (salvando el caso de los Ayuntamientos, de los que luego podremos hablar) y, con algunos requisitos en la mano, el grupo mayoritario de electos, por sí solo o mediante pactos, “nomina” a un candidato o candidata al poder ejecutivo, que es elegido o no. Cabe decir que la bancada mayoritaria, o la suma de unos diputados concretos, puede remover al que nombraron y poner a otro, siempre que se cumplan una serie de requisitos.

Así, por ejemplo, fue nombrado Presidente del Gobierno Leopoldo Calvo-Sotelo. Suárez dimitió, y, sin mediación de elecciones (puesto que los 350 diputados del momento tenían toda la legitimidad y actuaban constitucionalmente), fue votado y elegido. Así, por ejemplo, salió elegido Rodríguez Sahagún como alcalde de Madrid, tras un grupo mayoritario de concejales electos firmar una moción de censura que acabó con otro insufrible alcalde de Madrid, Juan Barranco (y así desde entonces). Así, por poner otro ejemplo, es Presidente de la Junta de Andalucía José Antonio Griñán, tras abandonar el Palacio de San Telmo Manuel Chaves para ser Vicepresidente del Gobierno de España (el PP se volvió loco pidiendo elecciones anticipadas, por cierto). Y, de la misma manera, así es como llegó al poder en Castilla y León Jesús Posada (actual Presidente del Congreso), tras irse José María Aznar a buscar el estrellato a Madrid en el seno de Alianza Popular/Partido Popular, sólo dos años después de ser elegido.

Y así ha sido con Ana Botella, alcaldesa por gracia de Ruiz-Gallardón Jiménez. Iba de número 2 en la lista presentada por el PP al Ayuntamiento de Madrid en las elecciones de mayo de 2011, tras haber ido en otros puestos en ocasiones anteriores, por lo que era evidente que suponía toda una declaración política de intenciones, máxime sabiendo que el Partido Popular iba a ganar las próximas elecciones generales y la cercanía del ya ex alcalde con Rajoy. La lista del PP cosechó un total de 756.952 votos, 100.000 votos más que las candidaturas del PSOE, IU y UPyD juntas. Nadie puede negar que esos ciudadanos refrendaron no sólo al alcalde, sino también a un anunciadísimo equipo, del cual Botella era la más que previsible sucesora. ¿Hubieran sido otros los resultados de haber sido cabeza de lista Ana Botella? Posiblemente. ¿Tanto como para que el PP no ganase las elecciones? Muy difícilmente. No hay evidencia empírica que pueda sostenerlo, más allá de la popularidad de Ruiz- Gallardón Jiménez. La cuestión es que el resultado es lo suficientemente abultado como para sustentar el resultado no sólo en la simpatía o la antipatía al cabeza de lista, sino a otros muchos elementos. Y ese es el único dato, salvo encuesta post-nombramiento de Botella que lo desmienta.

Es un mecanismo normal en sistemas políticos parlamentarios, que tienen reglas de sucesión y “recambio” de Ejecutivos por las relaciones de confianza entre estos y los Legislativos correspondientes. Decir que es antidemocrático o que hay que anticipar elecciones es, sencillamente, no tener ni idea de cómo funciona el sistema. O, si se tiene idea, querer confundir y sacar rédito político.

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Una respuesta a Democracia mal entendida (y II)

  1. Carlos Sanz dijo:

    Muy claro y muy necesario este comentario, José A., en vista de lo que uno tiene que leer y oír estos días.

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