Dudas.

A veces tengo la tentación de buscarte,
de forzar ese indeseado encuentro,
de mirarnos y engañarme, o quizá engañarte,
y observar la reacción indeseada de tu párpado izquierdo,
o de esa parte de tu labio que tanto recuerdo.

Son sólo segundos de duda, de infracción
de un código ético autoimpuesto
que tiene fecha de caducidad,
y que se resiente cuando paso cerca de tu casa,
o de ese lugar al que solíamos ir, o, sencillamente,
del lugar donde tuvimos la última pelea,
o de ese banco que profanamos.

Pienso que nunca podremos ser los mismos,
que por suerte no podemos entrar
dos veces en el mismo río.
Que nada tiene arreglo,
que nada cambiaría aunque tú dieses más
y yo menos, o tú menos
y yo más.

Pero, a veces, de noche, el instinto se despierta,
la memoria se retuerce y me la juega,
y siento incontenibles ganas de estar,
aunque sea por un instante de funestas consecuencias,
a tu lado.

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