Only the horses.

 

Y es en medio de la penumbra cuando más claro lo veo:
la idea que brota de la herida que no quiero que cicatrice
(no deja de ser un símbolo de la batalla) recobra vida, y fuerza,
y vigor, y deseo, y hambre, sed
y otros pecados capitales.

Y sonrío por fuera, mi mente hace miles de kilómetros por segundo,
y me estremezco por dentro,
como lo hacíamos cuando nos abrazábamos,
o cuando retozábamos, o cuando nos derramábamos,
o cuando, apenas, caminábamos de la mano.

La lluvia me hace recordar ese paraíso,
me hace tener morriña de un lugar del que no soy,
en el que apenas estuve,
pero al que siempre pertenecí por tu culpa,
y por la de tu sonrisa enjaulada por vanidad.

Hoy suena Britten,y anteayer eran los Moody Blues, o los Scissor Sisters.
Pero me es indiferente, porque en medio de la bruma,
de los nervios y de la cafeína,
la idea visceral que no dejo ir es pasado y es futuro,
y, sobre todo, es un presente al que sólo nos llevan ellos,
galopantes corceles.

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