Hacer las cosas a medias: “Economía” en la UE

Nos estamos enfrentando a la primera gran crisis de nuestra moneda única. Pero, como bien dicen por ahí, no se trata de un problema económico, o, al menos, no en exclusiva. El origen del problema subyace en la falta de construcción/concrección política de una economía unida como se supone tenemos. Esto es, la base del sufrimiento español (y griego, e irlandés, portugués, italiano y parece ser que pronto francés), esta crisis de la deuda soberana y sus consecuencias es, fundamentalmente, de falta articulación política. De valentía política, vamos. ¿O es que algunos de los principales países en términos de PIB per cápita, Bienestar, IDH u otros indicadores de repente no funcionan?

La cuestión es la creación de la Unión Europea como entidad política supranacional. En cristiano (sin ofender), crear un”Estado de estados” a escala europea, que reproduzca ciertos comportamientos que los estados tradicionales han venido teniendo desde su nacimiento, allá por la Baja Edad Media. Así, desde 1951, fecha de los primeros Tratados, han venido sucediendo dos fenómenos simultáneos aunque no complementarios (parece): se ha pasado de 6 fundadores a 27 países miembros, y los poderes de la Unión Europea han ido creciendo, siempre a costa de los poderes soberanos de los estados que la forman. Y he ahí una palabra clave: soberanía.

Pues uno de los grandes inventos europeos para hacer una especie de “Estado de estado” pero sin que lo pareciese es unificar la economía de los 27 miembros. Pero como el control de la economía es una parte fundamental de la soberanía (esto es, el poder del Estado como ente político por encima de los ciudadanos) he aquí que buena parte de los Estados Miembros decidieron, celosos del poder de los malvados funcionarios que viven y trabajan en Bruselas, no darle a nadie ciertos poderes soberanos sobre la economía, y otros sí. Otros Estados Miembros sí estaban dispuestos a hacerlo, puesto que se suponía que una Unión Económica real beneficiaría al conjunto. Pero las dificultades políticas acabaron por hacer surgir mogollón de dificultades, máxime teniendo en cuenta las diferentes partes “clásicas” que se adjudican a la política económica (política monetaria, política fiscal, política de rentas, etc…).

Entre dimes y diretes, y años de negociaciones, acabó surgiendo la idea de un Sistema Monetario Europeo, que era una especie de collage de las unidades monetarias nacionales con cambios semi-fijos entre ellas, y en referencia a un valor imaginario, el ECU (difunto). Pero la pretendida estabilidad monetaria buscada nunca funcionó: la peseta del año 1985 no casaba igual de bien con el marco alemán que el franco francés o la lira italiana, y, como el desarrollo económico era (es) desigual, cuando la cosa iba mal el Gobierno de turno podía tirar de máquina de imprimir dinero y, oh,modificarlo todo. Es la dramática ventaja de la política monetaria.

Como aquel experimiento monetario salió peor de lo esperado y la mera coordinación entre divisas no funcionaba, las cabezas pensantes de la entonces Comunidad Económica Europea, que vivía una época políticamente dorada a pesar de la Thatcher(González, Kohl, Mitterand, el siempre grande Jacques Delors y ese torrente de primeros ministros italianos), entendieron que quizá lo mejor era olvidar la coordinación y pasar a algo mejor: una única moneda para todos, lo que, además de otras ventajas, permitía que los alemanes pudieran exportar y vendernos a todos muchos más bienes sin quebraderos de cabeza de tipos de cambio ni flautas varias.

Pero como los cuentos suelen ser eso, cuentos, la cosa no fue tan fácil. Renunciar a la moneda nacional, símbolo de la soberanía desde mucho antes de la existencia del estado mismo, no era fácil, y algunos dijeron que el color era bonito, pero que no iba con ellos (Reino Unido, básicamente, al que se añadirían Dinamarca y Suecia). Cabe recordar que de los 12 países que han entrado en los últimos años, 7, por la misma obstinada y nacionalista razón, no acogerse a la moneda única. Empezamos bien: mercado único, yes of course, pero moneda única (repito, con sus ventajas e inconvenientes), va a ser que no.

Y es ahí donde más hemos avanzado: control de la masa monetaria en circulación gracias al BCE (sólo directamente en la eurozona) con rigidez que ya quisieran los espartanos. De un presupuesto que pueda arreglar cosas, ni hablar, mejor dejarlo reducido y carcomido por la PAC. Y de política fiscal común, más allá de un impuesto indirecto de tipos de gravamen variable (nuestro IVA), poca cosa. Esto es, algo así como un yo me lo guiso pero nos lo acabamos comiendo todo, porque el mercado es único.

Y aquí es cuando empieza la vida real. Los mercados financieros internacionales, esos tan bien retratados en Casino Capitalism y otros tantos best sellers de la ciencia económica, conscientes de las disparidades en desarrollo económico que afectan a la zona euro y, sobre todo, las muy diferentes políticas económicas seguidas por los gobiernos de los Estados Miembros, atacan el sistema por sus partes débiles. Y, aunque la UE tiene mecanismos de control de esas políticas económicas, lo monetario no basta, y no puede haber una política económica única porque, cáspita, sus partes están repartidas entre diferentes niveles políticos y ponerse de acuerdo es una barbaridad. Así, país que presenta algún desajuste, por ligero que sea (no nombro a Grecia en esto) en algún aspecto, se convierte en objetivo a batir, sin que el sistema reaccione… por falta de valentía política.

Al igual que en España la emisión de deuda pública de entes territoriales subestatales está controlada por el Gobierno central, y se exige un rigor relevante y, sobre todo, hay un mecanismo de venta de deuda pública nacional que no entiende de zonas españolas más desarrolladas y menos, ya que el interés que generen será sufragado vía PGE (esto es, por murcianos, catalanes, extremeños e inmigrantes por igual), a escala europea, ya que hay moneda única, mercado único y los países más desarrollados se hinchan a vender en mercados sin tanto potencial de manufactura y producción, podríamos tener un Bono europeo, que impidiese jugar, al menos de la manera que hoy se hace, con los títulos de ciertos países miembro. Pero claro, es “mejor” comprarlos en mercados de segunda mano, con la seguridad que eso conlleva. Otra opción: la compra por parte del BCE o de Bancos Centrales potentes, con vía preferente, de parte (si no la totalidad) de los títulos de deuda de los Estados Miembros, lo que reduciría el tipo de interés marginal y, con ello, una menor carga presupuestaria para los Estados y, con ello, una mayor imposibilidad de impago.

Y así, la tan consabida prima de riesgo (el diferencial del tipo de interés que paga el Título a 10 años de un estado miembro X comparado con el bono gemelo de Alemania) sube y sube en ciertos países, sin tener en cuenta que sus debilidades económicas, ante el azote global de la crisis financiera, provengan de diferentes parámetros (España, su paro; Italia, su política fiscal y su deuda pública sobre el PIB; Grecia… su falseadas cuentas públicas). Y las Agencias de rating, a jugar y a forrarse, cuestión que podría evitarse si, bien vía presupuestos de la UE, bien a través de la creación de un “colchón” de emergencias para frenar pánicos bancarios/financieros/de deuda soberana de partes de la Unión

En resumidas cuentas, igual que el euro fue una respuesta potente para solventar un problema (unión frente a mera coordinación en materia monetaria), en otras políticas macroeconómicas habrá que dejar de coordinar, reunir, acomodar y hacer calceta para ponerse serios e intervenir cómo y en dónde haya que hacerlo. De lo contrario, la media cocción de la política económica europea nos pasará una grandísima factura, y el Euro tendrá que desaparecer. Si, como dice Roger Senserrich por ahí, hay que intervenir políticamente y no sólo económicamente, tendremos que hacerlo porque, al final… ¿puede haber soberanía sin control económico? ¿qué sentido tendrá elegir un programa político en unas elecciones si apenas se podrá aplicar? Cuando los políticos europeos, más procupados de seguir encuestas y operar en pequeñito, decidan hacer pedagogía y contar las cosas como son, comenzaremos a poder hacer algo decente. Mientras tanto, a agarrarse al sitio que tengamos más a mano, porque la fiesta acaba de comenzar.

PD: Y no, está claro que no hay que rescatar a España o a Italia… o mejor dicho, no se puede. Por el dineral que costaría, digo. Too big to fail… ¿o no?

Anuncios
Publicado en Economía, Unión Europea | Deja un comentario

Alianzas estratégicas entre potencias medias: Perú-Corea del Sur.

Ayer, 1 de agosto,  entró en vigor el Tratado de Libre Comercio (en adelante, TLC) entre dos estados soberanos de los que no solemos escuchar demasiadas cosas en los medios de comunicación: Perú y la República de Corea, más conocida como Corea del Sur. Sin ánimo de profundizar en la noción de TLC (lejos quedan las épocas en las que las potencias occidentales los hacían suscribir a cañonazos… ¿o no?) ni cuestionar la lógica de la relación comercial bilateral (lógica en un mundo globalizado), que no es más que la rúbrica de la apertura comercial de un país en desarrollo y su entrada, sobre alfombra roja, en la economía internacional, hay una cuestión muy interesante a señalar: las alianzas interregionales de lo que podríamos llamar “segundos espadas”.

           Y es que Perú y la República de Corea, al margen de los intereses típicos que enlazan a un país rico en materias primas con otro en el que la manufactura y la industria es un sector económico poderosísimo (según datos oficiales, para Corea supuso casi el 40% de su PIB en 2007), tienen más en común de lo que parecería a simple vista.  Situados a ambos lados del Pacífico, la historia reciente de ambos países aparece marcada por acontecimientos poco adecuados para el desarrollo, como sucesiones de dictaduras y golpes militares y dificultades fronterizas (Ecuador y Chile en el primer caso y la República Democrática de Corea en el segundo). En los últimos años han vivido etapas de crecimiento económico intenso, si bien con orígenes muy desiguales (no hay más que mirar la naturaleza de sus intercambios comerciales para cerciorarse), con especulación financiera y bursátil incluida. Pero lo definitivo para ambos, desde un punto de vista del análisis geopolítico, es su rol en sus respectivas regiones.

           Ambos países son, a pesar de sus buenas cifras, segundones en sus regiones. Perú se encuentra rodeado en pleno Cono Sur por la siempre polémica pero ambiciosa Argentina, la modernidad encarnada en Chile y el gigante de Brasil. La República de Corea linda por mar con Japón y tiene a China a tiro de piedra, hay poco que decir. De ahí que países que, en plena vorágine económica global presentan tasas de crecimiento muy positivas y niveles de Desarrollo Humano altos ocupen un papel secundario. ¿por qué? Un menor empuje demográfico que sus vecinos (cuestión especialmente ostensible en el caso de la República de Corea), un papel menor en el poderío militar o la falta de liderazgos internos con ambiciones En cualquier caso, y dadas las circunstancias, una visión realista (que no desde la corriente del realismo) resultado de la aceptación de un estatus muy particular en la sociedad internacional, el de potencia media (como España, vamos), que presenta una serie de ventajas y una serie de inconveniencias, pero no deja de ser una plataforma más que aceptable para trabajar en pos del progreso y el bienestar. Y estas alianzas globales entre “segundones”, aun en la más baja categoría política (como es un TLC), son muy relevantes para entender, desde la coherencia, el mundo y la sociedad internacional. No en vano, casi todas las alianzas y casi todos los partenariados políticos han surgido de primarias relaciones económicas. En sí mismos, los TLC’s son criticables, si bien está muy claro lo que representan.

           Todos deberíamos tener en cuenta que en un mundo global, interconectado y velocísimo, las fricciones entre grandes potencias dejan cada vez más resquicios a alianzas como la que hoy tratamos. No es la primera vez que lo vemos en la historia reciente de las Relaciones Internacionales, y España debería aprender mucho de ello… pero esa es otra cuestión de la que tendremos oportunidad de hablar en otro momento.

Publicado en Latinoamérica, Movimientos a seguir | Deja un comentario